sábado, 15 de septiembre de 2007

El viaje de "El Loco"

Los 22 Arcanos Mayores, simbolizan el viaje de la vida. Su secuencia es una metáfora del tránsito que cada uno realiza. En un sentido psicológico profundo (arquetipal), describe el Camino del Héroe: el viaje de todo individuo a lo largo de su vida hacia la realización personal. Este recorrido por las 22 claves nos abre ventanas al autoconocimiento y reconocimiento, pues representan situaciones y cualidades propias de cada etapa evolutiva. En tal sentido, nos ayudan a determinar en qué condiciones se encuentra nuestra vida, nuestra acción en ella, nuestra evolución interior en cada etapa del camino.
Desde esta perspectiva, el Tarot tiene un protagonista: El Loco, viajero y buscador de experiencias que representa al Ser, que emprende un viaje de 21 Estaciones o Arcanos de cuyas vivencias logra la realización espiritual. Acompañemos al Loco en su recorrido…
0 - El Loco. Inicia la historia, es el Ser, el niño que busca sin conciencia de sí mismo, quien todavía no sabe que sabe. Protegido por su inocencia, emprende un camino sin meta, sin ataduras ni equipajes. Él es la causa primordial, el origen de todo. El espíritu creador. Voluntad divina expresada en el espíritu humano.
I - El Mago. Para superar las dificultades del camino, El Loco aprende a manejar la materia y manifiesta su energía yang: El Mago quien, con atención consciente, aprende a reconocer los elementos y a transmutarlos. Domina las circunstancias, se hace el protagonista del universo. Todo gira según su voluntad. Se adentra en el camino de la vida con seguridad, consciente de su poder de manifestación.
II - La Suma Sacerdotisa. El Ser conoce la introspección, se sumerge en su propio interior para descubrir el mundo subconsciente donde yacen las verdades de la existencia humana (La Suma Sacerdotisa). Pasiva, íntima y secreta energía yin, conoce el universo y la fuerza operativa que genera. Es la chispa creativa potencial.
III - La Emperatriz. La unión de las dos fuerzas anteriores orienta al Ser hacia un tercer punto de manifestación, La Emperatriz, nueva dimensión de la energía yin. Ideas potenciales y voluntad se unen en las leyes del amor, creatividad y la abundancia de la madre naturaleza. El Ser se hace fecundo y emotivo, dotando de vida a cuanto le rodea, haciendo cambios con belleza y abundancia.
IV - El Emperador. Impone el orden, expresa su voluntad, crea disciplina, ética y organización social. Desarrolla la facultad de raciocinio, impulsa la ley. Como El Emperador dirige, manda y da estructura al colectivo: familia, sociedad, gobierno. Se manifiesta de nuevo la energía yang a través de la severidad del padre.
V - El Sumo Sacerdote. Con la capacidad de razonar lograda, está en capacidad de instruir y surge como Sumo Sacerdote, o Hierofante. Es el maestro que guía y educa para perpetuar la tradición. Él posee la misión de ser un puente entre los otros seres y lo intangible. Alimenta la fe. Es el maestro interior.
VI - Los Amantes. Habiéndose manifestado las energías yang y yin en los padres espirituales (I y II) y materiales (III y IV), es tiempo de que Los Amantes realicen la unión con su complemento energético a través del amor. El Ser aplica la facultad de elección, conciente de su libre albedrío, discrimina y toma decisiones. Elige momento a momento el camino correcto.
VII - El Carro. Logra la capacidad de discernimiento, se adentra en el mundo sabiendo lo que quiere, razonando qué debería hacer y si éticamente es correcto o no. En El Carro las fuerzas opuestas se manifiestan y amenazan desviarle del camino, por lo que deberá elegir el método correcto y utilizar su voluntad al dirigir su vida con coraje y decisión.
VIII - La Fuerza. El Ser ha aprendido lo difícil que es mantener el equilibrio dentro de la dualidad humana. Y se da cuenta de la necesidad de controlar su pasión animal y, con La Fuerza, establecer una alianza entre su vida instintiva y espiritual. Así logra dominar sus pasiones sin lucha, de manera sutil y autoconsciente.
IX - El Ermitaño. En este punto del camino, el Ser ha alcanzado la fuerza de la sabiduría, por eso se retira como El Ermitaño e interioriza para encontrar esa luz en lo profundo de su propio corazón. Comprende todo, pero sigue con humildad y entrega. Es el silencioso maestro que no requiere de nada ni de nadie para continuar su rumbo y jamás se detiene.
X - La Rueda de la Fortuna. Con esta sabiduría alcanzada, el Ser percibe lo transitorio de las cosas, lo permanente del cambio, incluso de ser él mismo el primero que se sabe cambiante, en pensamiento, palabra y acción, lo cual lo lleva a estar alerta ante lo cíclico de las cosas, La Rueda de la Fortuna.
XI - La Justicia. Ahora se encuentra en la mitad del camino, estabiliza y balancea la conciencia con Justicia, equilibra los mundos externo e interno y toma conciencia de la causalidad. Sabe que cuanto ha sembrado ha dado sus frutos y ha comprendido que debe sembrar las mejores semillas para el mañana o asumir las consecuencias.
XII - El colgado. El Ser aprende que no todo es acción. Redescubre los mundos internos y entonces se vuelve hacia adentro, se serena, medita y aprende a esperar. Como El Colgado, un destello de revelación le hace ver las cosas de otra manera y es capaz de ir al revés de la gente, pues ha llegado a entender nuevos paradigmas, como pionero, apóstol, maestro silencioso.
XIII - La Muerte. Este estado de iluminación lo conduce a una transformación profunda. A La Muerte de viejas formas de su personalidad y renace a una nueva y más amplia orientación de interior. Aprende a renacer con cada forma de muerte y comprende que todo muere para asegurar la vida.
XIV - La templanza. Alcanzado este cambio se conecta con una radiante armonía y un efecto equilibrador que le da Templanza. Se mezcla con la energía universal y sabe que las experiencias extremas de la vida templan su naturaleza y lo hace cada vez más dueño de su destino.
XV - El Diablo. Pero debe enfrentarse a sus apegos, al mundo de la apariencia. Descubre su propia sombra, El Diablo, raíz de su pasión por lo material. Advierte el poder del ego y las cadenas que lo atan: ignorancia, miedo y materialismo. Al conocer la oscuridad podrá decidir permanecer en ella o buscar la luz.
XVI – La Torre. Un rayo ilumina el cielo súbitamente y destruye La Torre. Evento fuera de control, dirigido por la voluntad superior, que irrumpe y destruye las estructuras obsoletas e inútiles a nivel material, psicológico y emocional. Esta destrucción, esta crisis, da la oportunidad para recomenzar, liberarse y reconstruir.
XVII - La Estrella. Una vez liberado el Ser, que estaba atrapado en la Torre, comienza una nueva vida con esperanza representada por La Estrella. El Ser es guiado por su intuición, conectando con la naturaleza y con el cosmos. Retoma el rumbo consciente del nuevo ciclo y, con el respaldo de todo lo ya aprendido, hace lo que tiene que hacer para reconstruir su existencia.
XVIII - La Luna. Comprende que toda manifestación material y concreta es producto de la mente. Sabe que el universo es mental, que su vida, su cuerpo, sus aliados y enemigos, existen primero en su mente, son ideas cristalizadas. Es luz y sombra, como La Luna, que tiene momentos de lucidez, pero también es víctima de espejismos, proyecciones y autoengaño que lo confunden.
XIX - El Sol. Amanece y sale El Sol y con él ve claro, tanto su entorno como su yo interno, sus raíces. Uno con la luz y la naturaleza irradia vida, entusiasmo y capacidad de compartir con otros la creación de una gran obra común. Su luz irradia y da calor.
XX - El Juicio. A este nivel del camino, el Ser ha entendido que es uno con la creación y capta las señales que lo conducen a trascender lo mental y sus limitaciones: es el momento de El Juicio. Ya maduro, renace, es absuelto, comprende y ama todo lo creado. Ya puede abandonar las ataduras del mundo de las apariencias y comulgar con lo superior, en un viaje de retorno a su origen divino.
XXI - El Mundo. Ha llegado al final del camino. El Ser está autorrealizado, pleno, pues ha integrado a su vida en este recorrido la semilla de Luz, Amor y Vida. Todo se equilibra en armonía, como en una danza cósmica se incorpora activamente con El Mundo y se cierra el ciclo completo de búsqueda, pues ha alcanzado la satisfacción, conciencia plena del Absoluto.

Nada es permanente y el Ser (El Loco originario) pronto lo olvidará todo y retomará de nuevo el camino de búsqueda inconsciente, repitiendo escenas, reeditando eventos y maestros (¿Acaso no es así como procede la mayoría de las veces el ser humano: olvidando lo aprendido y repitiendo lecciones de vida?) o se dispondrá iniciar un nuevo ciclo de este viaje interminable que lo llevará a niveles aún mayores de comprensión y realización.

domingo, 2 de septiembre de 2007

El ambiente.

El ambiente de una lectura del Tarot incluye el escenario físico y también nuestro estado interior. Existen cinco cualidades interiores que resultan beneficiosas. Son las siguientes:

Estar receptivo. Significa estar abierto, no tener prejuicios. Se trata de permitir: estás dispuesto a aceptar lo que se nos ofrezca, sin negación ni rechazo. Al estar receptivo, te concedes a ti mismo la oportunidad de recibir lo que necesitas saber.

Estar calmado. Resulta complicado oír la voz de nuestro Guía Interior cuando estamos alterados. Los mensajes del Tarot llegan a menudo en forma de sutiles sugerencias y nociones que pueden verse fácilmente excluidas por una mente inquieta. Cuando estamos tranquilos, eres como un mar sereno en el que se puede percibir cada pequeña ola de comprensión intuitiva.

Estar centrado. La concentración es muy importante para una lectura del Tarot. Cuando me afecta mucho una cuestión, recibo un mensaje directo y potente. Cuando estoy dispersa y confusa, las cartas tienden a estar también así. Tus lecturas más reveladoras serán las que hagas cuando el deseo sea muy fuerte.

Estar alerta. Cuando estás alerta, todas tus facultades están vivas y despiertas. Un gato está alerta cuando observa un ratón o un insecto. Por supuesto, no vas a acechar tus cartas, pero si estás cansado o aburrido te resultará difícil interpretarlas.

Ser respetuoso. Eso significa tratar las cartas como tratarías cualquier instrumento valioso. Reconoces su papel a la hora de ayudarte a entenderte mejor a ti mismo. Respetas la opción que has hecho al decidir aprender el Tarot y manejas las cartas en consecuencia.

Aunque estas cinco cualidades son importantes, no son indispensables. Puedes conseguir una lectura cargada de sentido sin ellas, pero es probable que te resulte más difícil. La mejor manera de decidir si es el momento adecuado para una lectura, es mirar hacia dentro. Sí te da la impresión de que algo no va bien, pospón el esfuerzo, pero si tu sentido interior te dice que sigas adelante, entonces no hay problema.

Aparte de las circunstancias interiores, hay que considerar el marco en tiene lugar una lectura. El sitio ideal es aquel que evoca sentimientos de tranquilidad, paz e incluso reverencia. Reserva un lugar de tu casa donde hacer las lecturas. Al realizarlas en el mismo sitio una y otra vez, se creará una energía que reforzará tu práctica. Si tienes la costumbre de meditar o rezar, puedes hacerlo en el mismo lugar, ya que estas actividades mantienen la armonía con el Tarot, tanto en su espíritu como en su intención.

Intenta dar un carácter de recogimiento al lugar. Cuando usas las cartas, quieres apartarte del mundo cotidiano y entrar en un espacio que esté fuera tiempo y del normal fluir de los acontecimientos. Una habitación independiente es ideal, pero también puede servir un rincón separado por un biombo, una cortina, unos cojines u otra clase de partición.

Intenta también crear una atmósfera de belleza y significado. Coloca cerca algunas cosas que te resulten especiales. Los objetos procedentes de la naturaleza, como conchas, piedras, cristales y plantas, son siempre apropiados. Un talismán, una figura o un icono religioso pueden ayudarte a trasladar tu concentración de lo mundano a lo inspirador. Coloca pinturas y otras obras artísticas, especialmente si las has elaborado tú, y despierta tus sentimientos con objetos como flores, incienso, velas, materiales tejidos y música tranquila para meditar.

Estos detalles son agradables, pero lo único que de verdad necesitas es un espacio suficientemente grande para disponer las cartas. Puedes emplear la mesa o el suelo. El suelo proporciona una sensación de firmeza, pero si sentarte en él te resulta incómodo, es mejor una mesa. Elige una de material natural, como madera o piedra.

Si te apetece, puedes cubrir la mesa con una tela para crear una superficie uniforme. Debería ser de un material natural, como seda, algodón, lana o lino. Escoge el color con cuidado, ya que los colores tienen sus propias energías. El negro, el azul marino y el púrpura son buenas opciones. Mejor que sea de tela lisa, o en todo caso que el estampado sea discreto, para que las imágenes de las cartas destaquen sobre el fondo.

Guarda las cartas en una caja que las proteja y que retenga la energía. Cualquier sustancia natural va bien, como la madera o la piedra. También se pueden guardar envueltas en una tela natural. Considera la opción de guardar las cartas envueltas en un paño de seda dentro de su caja. La seda tiene un tacto exquisito que te recordará el valor que otorgas a tus cartas.

Las cartas del Tarot captan la energía y el carácter de quienes las usan. Por este motivo, si puedes, reserva una baraja del Tarot exclusivamente para ti, Estas cartas van a ser tu instrumento personal de comunicación con tu Guía Interior. Querrás mantener un estrecho vínculo con ellas.

Cuando trabajas con el Tarot en tu lugar especial, la experiencia puede resultar de lo más intensa sin necesidad de preparativos adicionales. Lo único que tienes que hacer es emplear las cartas. Ésa es la parte importante.