En los momentos de crisis surge el arcano XVI La Torre, uno de los 22 grandes hitos en el recorrido del Loco, arquetipo del proceso humano en la experiencia de la vida. La Torre es la única estructura construida por el ser humano, representa las estructuras que nos fabricamos a nosotros mismos como defensas ante la vida y como escondite para ocultar al mundo nuestros aspectos rechazados. Aquello que Jung llamó “La sombra”.La Torre es una estructura de valores falsos o demasiado grandes, esas actitudes hacia la vida que no salen de la integridad del Ser sino que son puestas como su fueran trajes; las estructuras que construimos en el mundo externo para encarnar nuestras personalidades incompletas. Es el apego a la materia y al placer egótico; es el monumento a nuestra falsa visión, a nuestras creencias de que estamos separados del resto de la humanidad y de la naturaleza. Su derrumbe muestra la caída de las viejas formas.
La dificultad y el dolor que podamos experimentar para aceptar esta visión dependerán de nuestra actitud frente a esta imagen de destrucción, cabe preguntarnos donde estamos atados o limitados por una personalidad falsa, un esfuerzo de voluntad para romper con este fingimiento nos puede ahorrar mucha angustia. La Torre cae porque algo dentro de nosotros ha alcanzado su punto de ebullición y no puede vivir por más tiempo con esos límites.
La destrucción de La Torre tiene que ver, tanto en el plano individual como en el colectivo, con el rompimiento de la fuerza que nos aprisiona, una estructura rígida que no nos permite crecer y expandirnos en nuestra verdadera naturaleza, lo nuevo tiene la oportunidad de comenzar va manifestarse y crecer
Aceptar nuestra vulnerabilidad, reconocer que la seguridad no existe más que en nuestras mentes. De las crisis surgen las oportunidades. El terreno queda fecundo para los comienzos. Me abro a una renovación necesaria, a un cambio radical, que puede sobrevenir de manera repentina. Estoy alerta al movimiento que destruye lo caduco y me hago responsable por mi propio destino. No lucho contra las nuevas circunstancias ni niego la realidad, sino que la admito y decido el camino a seguir: armonioso, saludable y de progreso. Fluyo con la corriente vital, me entrego a ella y permito que el cambio entre en mi vida.
