El Tarot fue concebido para que las imágenes sean un reflejo o proyección de las personas, situaciones y acontecimientos presentes en el devenir humano. Por ello, al consultarlo, ves tu propia vida que se refleja en las imágenes cual si fueran un espejo.
Los Arcanos te conducen, mediante sus símbolos y arquetipos, hacia la comprensión de ti mismo, de tu entorno y tu situación. Ellos sugieren, inclinan, inspiran un significado y de allí deduces orientaciones, consejos para el bienestar y progreso. También advertencias acerca de aquello que nos causa dolor y retrasos y cómo superarlos. Por ello, si hacemos caso omiso de los mensajes sugeridos o damos un uso incorrecto a la interpretación de las cartas, nos hundimos en la confusión al tiempo que negamos el verdadero fin del Tarot: el autoconocimiento para vivir mejor y superarnos.
Al igual que las imágenes que contactamos durante el sueño, el Tarot nos muestra aspectos de nuestra personalidad y de nuestra vida que no reconocemos de manera consciente. Tanto los sueños como el Tarot, mediante un lenguaje simbólico, resaltan lo que debemos asumir y quizá resolver. Las cartas están inspiradas en la experiencia humana subconsciente e inconsciente, proviene de los niveles más profundos de la psique y desde allí nos mueve y estimula al aprendizaje.
Cada ser humano debe aprender a forjar su propio destino, a responsabilizarse por sus acciones y omisiones, a valorar la calidad de las relaciones y del tiempo que invierte día a día en su crecimiento. Indudablemente, debe procurar no invertirlo (malgastándolo) en odios, altercados, desconfianza, celos, dudas, preocupaciones; todos ellos estados mentales que deterioran nuestra salud (mental y física), afectan nuestro mundo de relaciones, nos llenan de amargura y tristeza impidiéndonos razonar con claridad y conectarnos con la vida.
Debemos reconocer que dentro de nosotros coexisten dos mentalidades en pugna: una inferior, elemental y primitiva; y otra superior que nos eleva y dignifica. Es ya clásica la imagen del diablito y el angelito que nos aconsejan uno de un lado, otro del otro y nosotros debemos elegir. De eso trata nuestro libre albedrío, de las decisiones de cada minuto.
Identificar dónde están los impulsos de nuestra naturaleza superior, aprender a cultivarlos y aprovecharlos reconociendo y desechando aquellos que nos arrastra a lo más bajo y primitivo es un atributo esencial de la sabiduría humana. No podemos negar nuestra "sombra" y ella se identifica con es parte primitiva y difícil.
Respecto al cambio, cuando nuestra actitud es de crecimiento y aprendizaje y alcanzamos altos niveles de consciencia, nos adaptamos constantemente a las nuevas circunstancias, personas y realidades. No emitimos juicios a priori ni pensamos que el mundo "se derrumbó" sólo por perder algo: un empleo, un amor, una posición alcanzada. Entendemos que lo material siempre tiene solución y que de una u otra forma lo que se pierde es sustituido por algo incluso mejor. Los sentimientos pueden arraigarse y causar dolor, pero también nos permiten crecer como personas. Las pérdidas irreparables, como la muerte de un ser querido, pueden ser también motivo de crecimiento y elevación espiritual.
Nada es "bueno" ni "malo". Simplemente las cosas ocurren como parte de la naturaleza cambiante de la vida y sus circunstancias. Lo que sí podemos reconocer es que hay eventos placenteros y eventos displacenteros, que sería lo que suele catalogarse de "bueno" y "malo". Quienes creen que lo "displacentero" es un "castigo divino" y que lo "placentero" es un "premio", viven en el miedo y la culpa. En cambio, estando conscientes de que cuanto sucede en la vida es producto de la "causalidad" (proceso en el cual cosechamos lo que sembramos) asumimos que somos co-creadores de nuestro destino y que sólo nosotros decidimos qué queremos cosechar y, por ende, qué sembrar. En nosotros mismos está la potencialidad para desarrollarnos y autorrealizarnos espiritual y humanamente. De nosotros -y no de una fuerza exterior- depende el camino que sigamos.
Al revelarse nuestras verdades internas con la ayuda del Tarot, tendremos una oportunidad para aprender acerca de nosotros mismos y de nuestras circunstancias. Nuestra será la decisión de qué hacer con ese conocimiento.
El Tarot nos revela tendencias, nos permite analizar sus contenidos y facilita la toma de decisiones. Nuestro futuro nos pertenece y nadie lo puede manipular.
Los Arcanos te conducen, mediante sus símbolos y arquetipos, hacia la comprensión de ti mismo, de tu entorno y tu situación. Ellos sugieren, inclinan, inspiran un significado y de allí deduces orientaciones, consejos para el bienestar y progreso. También advertencias acerca de aquello que nos causa dolor y retrasos y cómo superarlos. Por ello, si hacemos caso omiso de los mensajes sugeridos o damos un uso incorrecto a la interpretación de las cartas, nos hundimos en la confusión al tiempo que negamos el verdadero fin del Tarot: el autoconocimiento para vivir mejor y superarnos.
Al igual que las imágenes que contactamos durante el sueño, el Tarot nos muestra aspectos de nuestra personalidad y de nuestra vida que no reconocemos de manera consciente. Tanto los sueños como el Tarot, mediante un lenguaje simbólico, resaltan lo que debemos asumir y quizá resolver. Las cartas están inspiradas en la experiencia humana subconsciente e inconsciente, proviene de los niveles más profundos de la psique y desde allí nos mueve y estimula al aprendizaje.
Cada ser humano debe aprender a forjar su propio destino, a responsabilizarse por sus acciones y omisiones, a valorar la calidad de las relaciones y del tiempo que invierte día a día en su crecimiento. Indudablemente, debe procurar no invertirlo (malgastándolo) en odios, altercados, desconfianza, celos, dudas, preocupaciones; todos ellos estados mentales que deterioran nuestra salud (mental y física), afectan nuestro mundo de relaciones, nos llenan de amargura y tristeza impidiéndonos razonar con claridad y conectarnos con la vida.
Debemos reconocer que dentro de nosotros coexisten dos mentalidades en pugna: una inferior, elemental y primitiva; y otra superior que nos eleva y dignifica. Es ya clásica la imagen del diablito y el angelito que nos aconsejan uno de un lado, otro del otro y nosotros debemos elegir. De eso trata nuestro libre albedrío, de las decisiones de cada minuto.
Identificar dónde están los impulsos de nuestra naturaleza superior, aprender a cultivarlos y aprovecharlos reconociendo y desechando aquellos que nos arrastra a lo más bajo y primitivo es un atributo esencial de la sabiduría humana. No podemos negar nuestra "sombra" y ella se identifica con es parte primitiva y difícil.
Respecto al cambio, cuando nuestra actitud es de crecimiento y aprendizaje y alcanzamos altos niveles de consciencia, nos adaptamos constantemente a las nuevas circunstancias, personas y realidades. No emitimos juicios a priori ni pensamos que el mundo "se derrumbó" sólo por perder algo: un empleo, un amor, una posición alcanzada. Entendemos que lo material siempre tiene solución y que de una u otra forma lo que se pierde es sustituido por algo incluso mejor. Los sentimientos pueden arraigarse y causar dolor, pero también nos permiten crecer como personas. Las pérdidas irreparables, como la muerte de un ser querido, pueden ser también motivo de crecimiento y elevación espiritual.
Nada es "bueno" ni "malo". Simplemente las cosas ocurren como parte de la naturaleza cambiante de la vida y sus circunstancias. Lo que sí podemos reconocer es que hay eventos placenteros y eventos displacenteros, que sería lo que suele catalogarse de "bueno" y "malo". Quienes creen que lo "displacentero" es un "castigo divino" y que lo "placentero" es un "premio", viven en el miedo y la culpa. En cambio, estando conscientes de que cuanto sucede en la vida es producto de la "causalidad" (proceso en el cual cosechamos lo que sembramos) asumimos que somos co-creadores de nuestro destino y que sólo nosotros decidimos qué queremos cosechar y, por ende, qué sembrar. En nosotros mismos está la potencialidad para desarrollarnos y autorrealizarnos espiritual y humanamente. De nosotros -y no de una fuerza exterior- depende el camino que sigamos.
Al revelarse nuestras verdades internas con la ayuda del Tarot, tendremos una oportunidad para aprender acerca de nosotros mismos y de nuestras circunstancias. Nuestra será la decisión de qué hacer con ese conocimiento.
El Tarot nos revela tendencias, nos permite analizar sus contenidos y facilita la toma de decisiones. Nuestro futuro nos pertenece y nadie lo puede manipular.
