lunes, 24 de noviembre de 2008

La Torre marca los momentos de crisis en nuestra vida.

En los momentos de crisis surge el arcano XVI La Torre, uno de los 22 grandes hitos en el recorrido del Loco, arquetipo del proceso humano en la experiencia de la vida. La Torre es la única estructura construida por el ser humano, representa las estructuras que nos fabricamos a nosotros mismos como defensas ante la vida y como escondite para ocultar al mundo nuestros aspectos rechazados. Aquello que Jung llamó “La sombra”.

La Torre es una estructura de valores falsos o demasiado grandes, esas actitudes hacia la vida que no salen de la integridad del Ser sino que son puestas como su fueran trajes; las estructuras que construimos en el mundo externo para encarnar nuestras personalidades incompletas. Es el apego a la materia y al placer egótico; es el monumento a nuestra falsa visión, a nuestras creencias de que estamos separados del resto de la humanidad y de la naturaleza. Su derrumbe muestra la caída de las viejas formas.

La dificultad y el dolor que podamos experimentar para aceptar esta visión dependerán de nuestra actitud frente a esta imagen de destrucción, cabe preguntarnos donde estamos atados o limitados por una personalidad falsa, un esfuerzo de voluntad para romper con este fingimiento nos puede ahorrar mucha angustia. La Torre cae porque algo dentro de nosotros ha alcanzado su punto de ebullición y no puede vivir por más tiempo con esos límites.

La destrucción de La Torre tiene que ver, tanto en el plano individual como en el colectivo, con el rompimiento de la fuerza que nos aprisiona, una estructura rígida que no nos permite crecer y expandirnos en nuestra verdadera naturaleza, lo nuevo tiene la oportunidad de comenzar va manifestarse y crecer

Aceptar nuestra vulnerabilidad, reconocer que la seguridad no existe más que en nuestras mentes. De las crisis surgen las oportunidades. El terreno queda fecundo para los comienzos. Me abro a una renovación necesaria, a un cambio radical, que puede sobrevenir de manera repentina. Estoy alerta al movimiento que destruye lo caduco y me hago responsable por mi propio destino. No lucho contra las nuevas circunstancias ni niego la realidad, sino que la admito y decido el camino a seguir: armonioso, saludable y de progreso. Fluyo con la corriente vital, me entrego a ella y permito que el cambio entre en mi vida.

sábado, 16 de agosto de 2008

La lectura diaria


En esta lectura, seleccionas una sola carta que se convierte en el tema del día. El propósito es potenciar nuestra atención sobre un aspecto de la vida durante un único periodo de veinticuatro horas. También sirve para aprender el Tarot sin fatiga ni aburrimiento.

Digamos que te ha salido el Dos de Copas en una lectura diaria. Mientras transcurre el día, busca signos de la energía especial de esta carta. Las palabras clave para el Dos de Copas son la conexión, la tregua y la atracción.
Por la mañana, adviertes que un compañero que llevaba un tiempo mostrándose bastante hostil, viene a tu despacho a hablar contigo. Presientes una TREGUA, y la aprovechas. Por la tarde, mientras trabajas para solucionar un problema, buscas una CONEXIÓN entre los dos planteamientos y encontraras una solución. Más tarde, en una fiesta, hablas con alguien que te ATRAE. En cada momento, accedes a la energía del Dos de Copas y permites que guíe tus decisiones.

Al principio, tal vez prefieras escoger tu carta diaria de tal forma que evites deliberadamente repetir cartas, para así llegar a conocer la baraja con más rapidez. Si prefieres, puedes escoger tu carta sin intención consciente. He aquí el procedimiento:

1.- Baraja las carta una o dos veces.
2.- Sostén la baraja boca abajo en una mano y cúbrela con la otra.
3.- Haz una pausa para relajarte y centrarte.
4.- Pide a tu Guía Interior que te ofrezca la orientación que necesitas para el día.
5. Coloca la baraja boca abajo delante de ti.
6. Córtala hacia la izquierda y vuelve a reunir las cartas.
7. Descubre la carta superior, que será tu carta del día.
8. Devuelve la carta al mazo y baraja una o dos veces.

Se trata de un procedimiento sencillo para hacerlo a diario y te da la oportunidad de conectar con tu Guía Interior de forma regular. Elige el momento que te vaya mejor. Puedes hacerlo por la mañana, durante tu rutina de cada día al levantarte. También puedes seleccionar la carta por la noche. Al dia siguiente estarás listo para servirte de tu carta en cuanto te despiertes. No es necesario que elijas un momento fijo, ya que tu horario puede cambiar.

El principal objetivo es que la lectura diaria se convierta en parte de tu jornada y que tu trabajo con el Tarot vaya progresando.

Lleva un diario de las cartas seleccionadas. Posteriormente encontraras interesante buscar un patrón general en las cartas que te hayan ido saliendo.

Los códigos de colores te ayudan a detectar con una simple ojeada los patrones cambiantes del Tarot a lo largo de semanas y meses. Probablemente te sorprenderá descubrir que ciertas cartas salen una y otra vez.

Las cartas que seleccionas con más frecuencia también pueden hablarte de tus intereses y preocupaciones.

El paso mas importante para llegar a familiarizarse con el Tarot es sacar las cartas del cajón con regularidad. La lectura diaria es la solución ideal. Si haces una lectura al dia, absorberás el carácter de cada carta con rapidez y facilidad.

domingo, 20 de julio de 2008

La tirada de las cartas.

Una tirada es un modelo preestablecido para disponer las cartas del Tarot. Define cuantas cartas usar, dónde se sitúa cada una de ellas y qué significan. Es una plantilla que ordena la colocación de las cartas para que estas puedan arrojar luz sobre un tema dado.

El rasgo mas importante de una tirada es el hecho de que cada posición tiene un significado único que matiza la interpretación de la carta que caiga en ese punto.

Las tiradas del Tarot pueden adoptar cualquier tamaño o esquema. Una tirada también puede contener una sola carta. Al relacionar las cartas de una tirada entre ellas, se crea todo un nivel de significado completamente nuevo. Aparecen combinaciones y se desarrolla una línea narrativa con personajes, tramas y temas. El curso de una historia a partir de las cartas de una tirada es el aspecto más excitante y creativo de una lectura de Tarot.

Es un arte, pero existen muchas pautas que se pueden seguir. Es aconsejable seguir únicamente una tirada al principio, esto permite concentrarse más en desarrollar nuestra intuición. Una vez se conozcan bien las cartas y se sienta cómoda interpretándolas, se puede ampliar la practica y explorar otras tiradas.

lunes, 7 de julio de 2008

La ética del Tarot.

Todo buen profesional debe basar su trabajo en conductas éticas y en especial, quienes tienen que ver con lo interno del Ser, con el alma humana. Quien se prepara para el estudio del Tarot debe hacer un compromiso ético, ya que tendrá recursos para ver el mundo interior de las personas e intervenir en él mediante sus interpretaciones. Debe hacerlo limpio de corazón, con intención de servicio, de cumplimiento de misión y apoyo. Desde su formación, quien incursiona en el Tarot debe seguir líneas éticas de conducta.

Elaboración permanente
Un buen profesional nunca dice: "Ya sé todo lo que necesitaba saber. Soy un experto". La ciencia y la tecnología se han desarrollado gracias a que quienes se dedican a ellas nunca se dan por satisfechos. Al contrario, cada respuesta suscita mil nuevas preguntas que claman solución. A ello se deben los inventos, la corrección de errores del pasado, el cambio de paradigmas para el progreso. Así, el tarotista se estanca cuando cesa de estudiar y prepararse. Si se abre al aprendizaje llegarán los sabios consejos de quienes van un poco "más adelante", ya sea un libro, un curso, una persona, un programa de T. V. ¡o una página web!

Conocimiento teórico - práctico
Se requiere saber el significado de las cartas y las combinaciones o "tiradas" y, a medida en que mejor se manejen estos aspectos, se facilita la consulta. Pero eso no es suficiente. Paralelamente al dominio teórico del Tarot, se requiere de una formación integral que comprende conocimientos de psicología, autoayuda, terapias holísticas, etc…

Respeto mutuo
Respeto es cortesía, tolerancia y confianza. Si tarotista y consultante van en busca de respuestas en actitud armónica se produce un encuentro positivo, inspirado y de mucho crecimiento para ambos. Se da una conexión perfecta y su efecto es evolutivo para los dos "actores". Las normas de cortesía y educación hacen que ambos participantes se sientan satisfechos y agradados. Omite expresiones vulgares y soeces que envilecen la atmósfera y bajan el nivel vibratorio. Recuerda: el tarotista pone las reglas y el consultante se adapta a ellas de manera automática.

Concentración
Antes y durante una sesión, evita charlas banales que distraen y desvían el centro de interés. Sin rigidez, toma el control y orienta la conversación hacia temas pertinentes. Evita el parloteo superficial, el chisme y los relatos sobre temas colaterales que dispersan la energía y hacen perder la concentración.

Actitud relajada y perceptiva
Respira conscientemente, serénate y mantén una actitud alerta durante la sesión. Cuando consultas a solas, esta actitud te facilita la conexión interior. Cuando consultas a alguien que está presente, el estado de ánimo calmo y alerta te permite captar señales que, de otra manera, hubieran pasado desapercibidas. Mínimos gestos (una tenue sonrisa, un ceño apenas fruncido o una lágrima casi imperceptible) pueden ser señales claves que te faciliten el tránsito por este "laberinto" insondable del alma humana. Los mensajes no verbales a veces dan más información que las palabras. Por demás, la actitud relajada te conecta con tu voz interior y, con ello, captas mejor las verdades que el tarot sugiere.

Sinceridad y responsabilidad
Ser sincero no significa ser imprudente o cruel. Ser sincero es sinónimo de decir la verdad, tal como ésta se revela. Sinceridad y respeto es una combinación que te permite decir lo que debes decir sin perjudicar, sin emplazar u ofender. Los sicólogos llaman a esta forma de comunicación ser "asertivos". Es ético anunciar en consulta los acontecimientos que el tarot advierte, agradables o no. La información no te pertenece, eres sólo un "canal", un "traductor", por lo tanto no decides qué decir. Lo que sí decides es cómo hacerlo. Asume la responsabilidad acerca de cada palabra que digas y de cada consejo que des.

Intención útil y digna
Antes de iniciar una consulta, revisa cuál es la intención manifiesta y oculta de la pregunta. Si se esconde un sentimiento innoble, un deseo mezquino o destructivo, por más ingenua que parezca la pregunta, no te hagas partícipe. Antes bien, convence a la persona de no hacerla y, mejor aún, ayúdala a ver lo errado de su motivación. No permitas que el egoísmo o la maldad de otros guíen la sesión y empañe tu energía y la consulta misma. Una pregunta inspirada en fines poco dignos retrasa espiritualmente a quien consulta, al operador que lo permite y a tu Tarot como "práctica de luz" que debe ser.

No especulación
Todo servicio amerita una compensación en dinero o bien útil. En la consulta tú cedes energía y conocimiento a otra persona y es justo que recibas algo a cambio. Los gitanos llamaban a este intercambio "pacto de videncia". No es ético especular, aprovecharse de la ignorancia o del dolor de las personas. Sé justo y pide por tu trabajo lo que él merece.

Lee el tarot a otros como te gustaría que te lo leyeran a ti.

sábado, 21 de junio de 2008

El viaje de la heroina ó del heroe.

Los 22 Arcanos Mayores, simbolizan el viaje de la vida. Su secuencia es una metáfora del tránsito que cada uno realiza. En un sentido psicológico profundo (arquetipal), describe el Camino del Héroe o Heroina: el viaje de todo individuo a lo largo de su vida hacia la realización personal.

Este recorrido por las 22 claves nos abre ventanas al autoconocimiento y reconocimiento, pues representan situaciones y cualidades propias de cada etapa evolutiva. En tal sentido, nos ayudan a determinar en qué condiciones se encuentra nuestra vida, nuestra acción en ella, nuestra evolución interior en cada etapa del camino.

Desde esta perspectiva, el Tarot tiene un protagonista: El Loco, viajero y buscador de experiencias que representa al Ser, que emprende un viaje de 21 Estaciones o Arcanos de cuyas vivencias logra la realización espiritual. Acompañemos al Loco en su recorrido…

El loco ha iniciado su viaje, los seis priemros arcanos mayores representan la niñez del Heroe o de la Heroína: el estado simbiótico inconsciente.

El estadio simbiótico es la necesidad primal de establecer un profundo vínculo emocional. No obstante, si la simbiosis se convierte en la principal motivación de la relación o si perdura demasiado tiempo, termina convirtiéndose en un factor limitador que establece una dinámica paterno (o materno)-filial que limita el rango de expresión e interacción de ambas personas, destruye los roles masculino y femenino de la relación y termina creando pautas de comportamiento adictivas. Más allá de la necesidad primitiva de fusión simbiótica, el deseo fundamental que aparece en una relación es el de compañerismo, un deseo que puede asumir formas más o menos sofisticadas.

Existe en cada ser humano desde la concepción, dos dinámicas esenciales, una de ellas esta basada en el principio de pertenencia y la otra en el principio individual de realización.

1. El principio sistémico de pertenencia: Se caracteriza por la dinámica relacional afectiva y calurosa, vínculos de parentesco.
2. El principio individual de realización: Se caracteriza por una dinámica de crecimiento evolutivo personal hacia la autonomía y la libertad.
Esas dos dinámicas biológicas se manifiestan en el vientre materno, la primera por el estado simbiótico entre el feto o embrión y su madre.

Es necesario que el individuo haya resuelto sus perturbaciones simbióticas para poder encontrar un equilibrio psicológico interior, y socio relacional (exterior) y eventualmente interrogarse sobre las cuestiones básicas de la existencia. Quizás con un poco de suerte puede encontrar las verdaderas respuestas a las preguntas existenciales de ¿quien soy? ¿A dónde voy? Y ¿Cuál es el sentido de la vida?.

Libre de las ataduras que le aprisionan, que no le pertenecen, de todas las identificaciones y fragmentaciones de la personalidad, puede comenzar la búsqueda hacia su verdadero ser, según la teoría de individualización de Jung. Eso responde al principio biológico de crecimiento, de evolución personal y de autonomía que culmina con la realización espiritual del ser. Es la respuesta a la pregunta “¿quien soy? “

El Loco, es la experiencia pura
EL Mago nombra las cosas
La Papisa o Sacerdotiza las registra
Le Emperatriz crea las ideas con ellas
El Emperador las solidifica, las ordena y clasifica
El Papa o Hierophante las comunica, y las enseña.
Los Enamorados le hace elegir el camino adecuado a sus propósitos y todo esto lo consigue con su voluntad.

miércoles, 21 de mayo de 2008

El tarot, como camino de evolución de la conciencia.

Los veintidós arcanos mayores del tarot constituyen un viaje que no es otro que el recorrido de nuestra conciencia hacia las profundidades de nuestro ser.

Este viaje plantea distintas situaciones arquetípicas y estados de conciencia que atraviesa el ser humano a través de su vida. ¿Por qué? Porque los arcanos mayores representan lo que Jung denominó arquetipos del inconciente colectivo, modelos que se encuentran en cada uno de nosotros en virtud de nuestra condición humana. Dice Sallie Nichols en su libro "Jung y el Tarot" antes de empezar un viaje, es una buena idea tener un mapa.

Los arcanos mayores son ese mapa. Recomienda ella también contemplar las cartas como si estuviéramos en una galería de arte; como las pinturas estos "Triunfos" son cada uno de ellos portadores de proyecciones o sea cebos para cazar la imaginación. Proyectamos nuestro mundo interior en el mundo exterior y de esa manera nos conocemos mejor.

Es muy interesante también el enfoque del autor Hajo Banzhaf en su libro "El Tarot y el Viaje" en el cual relaciona el mito del héroe con el camino del tarot. El viaje del héroe es la historia más antigua y universal ya que se repite en todas las culturas de nuestro mundo.

El héroe escucha el llamado a emprender su camino, se lanza a la aventura abandonando a su comunidad, recibe las ayudas (pócimas, piedras, etc) de los personajes que encuentra a su paso (ancianos sabios,) que le servirán para llevar a cabo su hazaña. Lucha con monstruos y dragones y finalmente logra su cometido y vuelve victorioso a la comunidad. Jung toma este mito y construye a partir de este lo que el va a denominar el camino de la individuacion que tiene como objetivo la conquista de nuestra individualidad (el sí mismo) una vez vencidos todos aquellos aspectos oscuros de nuestra psiquis. Esta conquista es la que nos permite conectar con nuestra naturaleza más profunda y es lo único que nos asegura una vida plena y realizada. Para saber más acerca del mito del héroe recomiento "El héroe de las mil caras" de J. Campbell.

El tarot como camino de evolución de la conciencia nos puede servir de guía para orientarnos mejor en ese camino, y comprender finalmente que ningún estado es permanente, luego de un momento de oscuridad como el que plantea la luna, el Arcano N° 19 sobreviene el 20 y finalmente sale el Sol. El camino es iniciado por el N° 0 "El Loco" que es un personaje disperso y muy centrado en sí mismo y termina con el 22 "El Mundo" que representa la máxima realización de uno mismo pero a la vez integrado al "todo": se va desde lo individual y menos evolucionado hacia la conciencia de lo colectivo y universal.

sábado, 19 de abril de 2008

Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico

Los inquietantes naipes que integran el Tarot han sido objeto de diversos enfoques: el más frecuente los considera como un artefacto adivinatorio; el más inquietante los reconoce como páginas del legendario "libro de Thot", dios de la sabiduría, contador de estrellas, inventor de la escritura, maestro de las palabras de poder y de su correcta pronunciación.
La primera tendencia ha producido una lamentable literatura consistente en manuales plagados de recetas para leer la ventura; la segunda abunda en confusas especulaciones "esotéricas" que casi siempre encubren ideologías discutibles.

Quienes ven en el Tarot el "libro de Thot", que no es otro que Hermes Trismegisto, personificación del discurso divino, recurren a una metáfora que expresa la convicción de que sus símbolos son portadores de conocimiento. La cosa se complica cuando se trata de determinar en qué consiste tal conocimiento: rosacruces, aficionados a la cábala, teósofos y ocultistas de diversas tendencias presintieron en esta baraja un posible modelo del universo. No a un modelo "intelectual", que propende a una explicación, sino más bien a una construcción "simbólica" que apunta a una toma de conciencia.

En este sentido "conocer" no implica disponer de una teoría o de un conjunto de informaciones, sino ante todo "devenir consciente" y así transfigurar la existencia. Sallie Nichols apuesta por esta concepción, sin tener que asumir los riesgos de una metafísica: el modelo que descubre en el Tarot no es otro que el despliegue mismo de la vida anímica. Y para ello apela a un lenguaje hermosamente diseñado a tal fin: la psicología de Jung. Puede afirmarse un poco en broma que Jung no era tanto un psicólogo preocupado por temas del ocultismo -conocidas son sus obras sobre alquimia, gnosticismo, teología, etc. - sino más bien un ocultista disfrazado de psicólogo.

Con ello se alude al hecho de que su pensamiento reformula una visión muy antigua -"perenne"- a través de un lenguaje contemporáneo; él mismo sostenía que la verdad eterna necesita del lenguaje humano, que varía con el espíritu de la época. Y una de las tesis fundamentales de Jung es que en el alma hay un proceso autónomo, independiente de las circunstancias, que aspira a una meta, al que denominó "proceso de individuación". Así, nos encontraríamos con dos sujetos de la existencia: por una parte el sujeto consciente, el "yo" más o menos diurno, y por la otra el sujeto integral de tal proceso autónomo, con el cual el "yo" puede cooperar o luchar y al que habitualmente desconoce. A este segundo sujeto Jung lo llamó "sí-mismo". Esta concisa exposición, errónea por su misma brevedad, destaca un factor dramático en el desarrollo de la existencia. El pensamiento de Jung es la explicitación y aproximación a este drama íntimo que, si bien compromete a la faceta consciente de la personalidad, acaece en gran parte más allá de sus fronteras, en esa región misteriosa llamada "el inconsciente".

Es por ello que el proceso de individuación no se expresa por conceptos -que atañen a la consciencia- sino por símbolos, que abarcan tanto la consciencia como el inconsciente. Sallie Nichols, utilizando el lenguaje de Jung, adivina en el despliegue del Tarot una especie de mapa de este viaje interior en el cual todos nos hallamos embarcados. El mismo Jung consideraba que su pensamiento reformulaba la problemática que tanto obsesionó a los alquimistas: el libro de Nichols, al recurrir a Jung, no deja de vincularse así con Hermes Trismegisto, patrono de la alquimia. y si, como bien señaló Bachelard: "con su escala de símbolos, la alquimia es un memento para un orden de meditaciones íntimas", el Tarot se revela como un ordenamiento simbólico sorprendentemente adecuado para tan amorosa meditación.

¿Y qué hay de la adivinación? Si por tal entendemos no tanto la predicción de acontecimientos como la comprensión del destino, entonces la adivinación no consiste sino en la revelación del proceso alquímico. En efecto, ya Heráclito afirmó en el siglo V a. de C. que "el carácter (ethos) es, para los hombres, su destino (daimon)". Presiento aquí la misma convicción que llevó a inscribir en la entrada al oracular templo de Apolo en Delfos la máxima: "Conócete a ti mismo". El "ethos" es el genio configurador del destino. Conocer el propio destino implica reconocer la propia índole.
La psicología entera de Jung aparece como la dilucidación de este aserto. Porque si en la existencia nos hallamos comprometidos en un proceso anímico autónomo que tiende a una meta, ésta constituirá nuestro destino. y los acontecimientos, que no son sino las situaciones a través de las cuales discurre nuestro viaje, sólo devienen transparentes una vez comprendidos como tales.

Las imágenes del Tarot no significan personas, cosas o acontecimientos, sino que proyectan a las personas, cosas y acontecimientos dentro del contexto de la ineludible odisea anímica. De ahí que pueda afirmarse que, cuando se consulta el Tarot, no son las cartas lo que hay que leer: lo que debe leerse es la propia vida.

Los símbolos no se resuelven en situaciones, sino que sugieren el significado de las mismas. Por ello recogen lo que hay de más inmediato en la experiencia básica, que es siempre nosotros mismos, nuestras pasiones sordas, nuestros deseos inconscientes, para destilarlo en comprensión, esto es, en consciencia. En este sentido, el libro de Sallie Nichols abarca la faz adivinatoria del Tarot, que es corolario de su vertiente meditativa.

Medio de autoconocimiento, de descubrimiento del "ethos", el Tarot es, por lo mismo, un medio de adivinación: reconocimiento del "daimon" que orienta el viaje del que somos, a menudo sin sospecharlo, punto de partida, transcurso y meta. Nichols abarca ambas dimensiones con elocuente brillantez. Si su claridad y su lenguaje coloquial son de agradecer, no lo es menos su enfoque, el cual, eludiendo las exageraciones y las supersticiones que amenazan a toda aproximación al Tarot, nos ayuda a conocer la riqueza de sus símbolos y, con ello, a conocemos a nosotros mismos.

Los inquietantes naipes que integran el Tarot han sido objeto de diversos enfoques: el más frecuente los considera como un artefacto adivinatorio; el más inquietante los reconoce como páginas del legendario "libro de Thot", dios de la sabiduría, contador de estrellas, inventor de la escritura, maestro de las palabras de poder y de su correcta pronunciación. La primera tendencia ha producido una lamentable literatura consistente en manuales plagados de recetas para leer la ventura; la segunda abunda en confusas especulaciones "esotéricas" que casi siempre encubren ideologías discutibles.

Quienes ven en el Tarot el "libro de Thot", que no es otro que Hermes Trismegisto, personificación del discurso divino, recurren a una metáfora que expresa la convicción de que sus símbolos son portadores de conocimiento. La cosa se complica cuando se trata de determinar en qué consiste tal conocimiento: rosacruces, aficionados a la cábala, teósofos y ocultistas de diversas tendencias presintieron en esta baraja un posible modelo del universo. No a un modelo "intelectual", que propende a una explicación, sino más bien a una construcción "simbólica" que apunta a una toma de conciencia.

En este sentido "conocer" no implica disponer de una teoría o de un conjunto de informaciones, sino ante todo "devenir consciente" y así transfigurar la existencia. Sallie Nichols apuesta por esta concepción, sin tener que asumir los riesgos de una metafísica: el modelo que descubre en el Tarot no es otro que el despliegue mismo de la vida anímica. Y para ello apela a un lenguaje hermosamente diseñado a tal fin: la psicología de Jung. Puede afirmarse un poco en broma que Jung no era tanto un psicólogo preocupado por temas del ocultismo -conocidas son sus obras sobre alquimia, gnosticismo, teología, etc. - sino más bien un ocultista disfrazado de psicólogo.

Con ello se alude al hecho de que su pensamiento reformula una visión muy antigua -"perenne"- a través de un lenguaje contemporáneo; él mismo sostenía que la verdad eterna necesita del lenguaje humano, que varía con el espíritu de la época. Y una de las tesis fundamentales de Jung es que en el alma hay un proceso autónomo, independiente de las circunstancias, que aspira a una meta, al que denominó "proceso de individuación". Así, nos encontraríamos con dos sujetos de la existencia: por una parte el sujeto consciente, el "yo" más o menos diurno, y por la otra el sujeto integral de tal proceso autónomo, con el cual el "yo" puede cooperar o luchar y al que habitualmente desconoce. A este segundo sujeto Jung lo llamó "sí-mismo". Esta concisa exposición, errónea por su misma brevedad, destaca un factor dramático en el desarrollo de la existencia.
El pensamiento de Jung es la explicitación y aproximación a este drama íntimo que, si bien compromete a la faceta consciente de la personalidad, acaece en gran parte más allá de sus fronteras, en esa región misteriosa llamada "el inconsciente".

Es por ello que el proceso de individuación no se expresa por conceptos -que atañen a la consciencia- sino por símbolos, que abarcan tanto la consciencia como el inconsciente. Sallie Nichols, utilizando el lenguaje de Jung, adivina en el despliegue del Tarot una especie de mapa de este viaje interior en el cual todos nos hallamos embarcados. El mismo Jung consideraba que su pensamiento reformulaba la problemática que tanto obsesionó a los alquimistas: el libro de Nichols, al recurrir a Jung, no deja de vincularse así con Hermes Trismegisto, patrono de la alquimia. y si, como bien señaló Bachelard: "con su escala de símbolos, la alquimia es un memento para un orden de meditaciones íntimas", el Tarot se revela como un ordenamiento simbólico sorprendentemente adecuado para tan amorosa meditación.

¿Y qué hay de la adivinación? Si por tal entendemos no tanto la predicción de acontecimientos como la comprensión del destino, entonces la adivinación no consiste sino en la revelación del proceso alquímico. En efecto, ya Heráclito afirmó en el siglo V a. de C. que "el carácter (ethos) es, para los hombres, su destino (daimon)". Presiento aquí la misma convicción que llevó a inscribir en la entrada al oracular templo de Apolo en Delfos la máxima: "Conócete a ti mismo". El "ethos" es el genio configurador del destino.
Conocer el propio destino implica reconocer la propia índole. La psicología entera de Jung aparece como la dilucidación de este aserto. Porque si en la existencia nos hallamos comprometidos en un proceso anímico autónomo que tiende a una meta, ésta constituirá nuestro destino. y los acontecimientos, que no son sino las situaciones a través de las cuales discurre nuestro viaje, sólo devienen transparentes una vez comprendidos como tales.

Las imágenes del Tarot no significan personas, cosas o acontecimientos, sino que proyectan a las personas, cosas y acontecimientos dentro del contexto de la ineludible odisea anímica. De ahí que pueda afirmarse que, cuando se consulta el Tarot, no son las cartas lo que hay que leer: lo que debe leerse es la propia vida.

Los símbolos no se resuelven en situaciones, sino que sugieren el significado de las mismas. Por ello recogen lo que hay de más inmediato en la experiencia básica, que es siempre nosotros mismos, nuestras pasiones sordas, nuestros deseos inconscientes, para destilarlo en comprensión, esto es, en consciencia. En este sentido, el libro de Sallie Nichols abarca la faz adivinatoria del Tarot, que es corolario de su vertiente meditativa.

Medio de autoconocimiento, de descubrimiento del "ethos", el Tarot es, por lo mismo, un medio de adivinación: reconocimiento del "daimon" que orienta el viaje del que somos, a menudo sin sospecharlo, punto de partida, transcurso y meta. Nichols abarca ambas dimensiones con elocuente brillantez. Si su claridad y su lenguaje coloquial son de agradecer, no lo es menos su enfoque, el cual, eludiendo las exageraciones y las supersticiones que amenazan a toda aproximación al Tarot, nos ayuda a conocer la riqueza de sus símbolos y, con ello, a conocemos a nosotros mismos.

sábado, 19 de enero de 2008

Enfoque Jungiano.

El tarot es un antiguo lenguaje simbólico. Su origen es desconocido y los mazos más antiguos que se conocen se remontan a fines del siglo XIV y comienzos del siglo XV.

Podemos observar que en el tarot se encuentran analogías con distintos sistemas simbólicos. Esto se debe a que todo este material simbólico proviene de un nivel de experiencia común a toda la humanidad, que yace en lo más profundo de la psique y Carl G. Jung llamó inconsciente colectivo, donde se encuentran las imágenes primordiales que él denominó arquetipos, que se expresan bajo diversas manifestaciones en distintos períodos históricos y diferentes culturas. Para Jung, en la psique hay un proceso de desarrollo autónomo en el que el individuo integra sus múltiples facetas internas, que denominó proceso de individuación.

Sallie Nichols, autora del libro “Jung y el tarot”, propone estudiar las cartas de los 22 arcanos mayores como un mapa de viaje, una guía que simboliza el proceso de individuación, y relaciona cada carta con una imagen arquetípica. Desde este enfoque, las imágenes del tarot se transforman en un reflejo de nuestra experiencia interna, y, a medida que las exploramos, podemos empezar a observar cómo se expresan en nuestra vida cotidiana, aportando orientación para la continua renovación de la existencia.

Desde esta perspectiva psicológica de los símbolos, una consulta de tarot no se interpretaría como una predicción del futuro, sino como dicen Liz Greene y Juliet Sharman-Burke en “El tarot mítico”: las cartas ilustran influencias, oportunidades y motivaciones ocultas (algo que tal vez se manifieste en acontecimientos o personas concretas, o tal vez no).

El individuo puede entonces tratar de comprender y trabajar de la manera más creativa posible Puesto que es la cualidad del momento presente lo que se describe, el individuo puede, tratando de penetrar en el significado más profundo del momento, influir de forma más consciente en el futuro de dicho momento, afectando así con una mayor consciencia el futuro que se está gestando. En este sentido somos coautores de nuestro propio destino.

El estudio de tarot desde este enfoque se transforma en un medio para el desarrollo personal.

El abordaje se realiza estudiando el simbolismo de las imágenes a través de mitos, cuentos, sueños y otros lenguajes simbólicos utilizando el método que Jung llamó amplificación que consiste en buscar asociaciones y analogías con respecto a cada imagen recurriendo a distintas fuentes. Pero como señaló Jung: no sirve de nada aprender de memoria una lista de arquetipos.

Los arquetipos son complejos de experiencia que llegan a nosotros como el destino y cuyos efectos se sienten en lo más profundo de nuestras vidas. Por lo tanto es importante agregar al estudio del simbolismo la experiencia vivencial de las cartas a través de ejercicios que comprenden la imaginación activa, la visualización y otros recursos creativos. De esta manera, la aproximación al tarot resulta una experiencia enriquecedora y a la vez transformadora.
Marcela Simonetti